martes, 5 de agosto de 2014

Arte y política

El Guernica de Pablo Picasso, inspirado en un bombardeo durante la Guerra Civil Española.


Hace poco terminó la exposición en Bellas Artes de “Picasso revelado por David Douglas Duncan”, en las salas mostraban fotos de la vida del artísta acompañadas por algunas de sus obras. Una de las imágenes que más me llamaron la atención fue la de Pablo Picasso con los ojos llorosos, bien abiertos y el rostro con aspecto de sorpresa y compasión. Después pude leer que lo que producía en el español tan expresivos gestos era una colección de fotografías de la guerra de Corea. Entendí que si algo podía describir esa cara de Picasso era su sensibilidad.
Personalmente siempre he creído que lo que hace arte al arte es su cualidad para mover nuestras más profundas membranas, para hacernos sentir de manera que la cotidianidad no puede, nos hace vibrar y pensar de manera diferente. Es fácil identificar una obra de arte si de repente circula por el cuerpo un escalofrío o se sienten las clásicas mariposas en el estómago. Lo mínimo que puede esperarse de un creador de arte es que sea sensible, porque debe transmitir emociones de manera bien potente como para que un extraño que no sepa el por qué de esa obra, pueda recibir el mensaje a través de sensaciones.
León Trotsky (líder la Revolución rusa) con Diego Rivera (muralista mexicano) y André Bretón (escritor francés). Los artistas se involucran naturalmente en proyectos políticos.

Y sí, hay que aclarar que las fotos de gatitos en calendarios no son arte porque son cotidianas, los reallity shows no son arte, tampoco el reggeaton es arte aunque sus escuchas experimenten calor en la entrepierna, es algo meramente físico que no toca el alma. Claro que son expresiones culturales, pero no toda cultura es artística ni culta.
Una de mis maestras en la Universidad mencionó alguna vez que es obvio que al salir de un museo uno se sienta agotado, porque el arte cansa. Todas las emociones que experimentamos pasando de obra a obra resultan como una montaña rusa en nuestro cuerpo y nuestra mente que termina por saturar nuestra energía. Es lo mismo a leer o ir a un concierto, seguramente les ha pasado que al estar enfermos no quieren leer sino ver la televisión, esto es porque leer exige cierto estado de apertura y concentración para resistir las múltiples emociones que se sufren al entrar en la lectura, cosa que la televisión no hace.
Cuando se está en constante contacto con el arte y se ejercitan tanto los sentimientos, se desarrolla una mejor percepción del mundo, ya que se puede sentir en carne propia lo que otros viven y con ello se desarrolla el sentido crítico en las personas. Aquellos que están entrenados en el arte son capaces de pensar más allá de lo inmediato, de reconocer el dolor y la felicidad con tal intensidad que se sienten obligados a actuar y, al menos, sienten culpa si no lo hacen.
Ahí es donde radica la importancia del arte en la política, ese el por qué los Estados totalitarios temen a los artistas. Los creadores no hacen cosas bonitas, sino que despiertan en las personas instintos, reacciones y pensamientos profundos peligrosos para el status quo, ésto es siempre un riego para los poderosos que quieren conservar este estado de las cosas y para ello lo conveniente es tener a gente plana que no vea más allá de lo que tiene en frente. Una sociedad con los sentimientos trabajados no puede permitir las calamidades que desata la violencia, como la represión, la censura o la desigualdad, porque sus integrantes entienden el dolor que causan en otros. De hecho, la verdadera política, precisamente, tiene por objetivo eliminar la violencia como forma para solucionar conflictos. 
Un lugar en donde  se pretende que la democracia sea la manera para ejercer el poder supone una sociedad crítica, dispuesta a interesarse por la vida en común, que sacrifica sus ventajas personales para disfrutar de las comunes y que conoce su entorno. Para lograr la formación de ese tipo de personas no se necesitan clases de civismo puntuales y reglas para todo, hay que apostar al arte, pero no se hace porque no se ven resultados inmediatos. Las sociedades expuestas al arte no se alían con el narcotráfico ni ven en las armas la solución a sus problemas; quienes leen poesía dicen groserías sólo en los momentos correctos y no permitirán que sus hijos hagan bullying; quienes van al teatro y aprecian la belleza no tiran basura por donde sea y sin duda cuando se escucha verdadera música no dan las ganas de tocar el claxon.
Lamentablemente, el gobierno quita sin problema el presupuesto al arte en nuestro país y ve más carne de cañón electoral al poner el árbol de navidad más grande en Paseo de la Reforma que con una feria de libros. Tal vez obtengan más votos en dos años, pero no tendrán una sociedad de calidad para vivir.  No es que el arte sea la respuesta a todo, pero sin duda es un aspecto importante, sobre todo en la cultura democrática que la hace a un lado como si no tuviera ninguna función social. Acerquémosnos al arte para acercarnos también a los otros y admirar lo que está más allá de nuestros ojos.

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