Con
pocas semanas en la carrera de Ciencia Política es fácil reconocer
que hay una cosa que jamás puede faltar en la vida de un politólogo:
una plática de política con un taxista. Mi primer experiencia de
ese tipo fue un día que iba tarde a la Universidad y decidí
invertirle a mi puntualidad tomando un auto bicolor. El conductor me
preguntó sobre mi carrera y así de fácil comenzó. Los taxistas
son grandes personajes, no son precisamente muy cultos pero tampoco
son ignorantes, suelen estar informados por las noticias en el radio
y las múltiples y diversas conversaciones que tienen con sus
clientes, son la síntesis de la cultura urbana.
Normalmente,
la discusión empieza con una crítica a la gente: "Mire
señorita, todos sin paraguas empapándose, pero así somos los
mexicanos", "¡Qué tráfico, son los canijos policías!",
"¡Otra marcha, mejor que se pongan a trabajar!", cualquier
cosa por el estilo. Los reclamos van formando un efecto de bola de
nieve, primero la culpa es de los transeúntes, después de sus
familias, pero después de un poco de profundización, el principal e
innegable responsable es el maldito gobierno. Ésta respuesta no es
particular de los taxistas, es de todos en general y se puede crear
una amena charla de retroalimentación de quejas hasta lograr un
monstruo de nieve y lodo que de cualquier manera se va derretir
porque contra el gobierno nadie puede hacer nada.
¿De
verdad todo es culpa del gobierno, de los políticos, de los de
arriba? Primero debemos considerar su verdadera potencialidad para
dominar sobre el caos de nuestra sociedad ¿De verdad sus órdenes
son como agitar una varita mágica? Segundo, debemos entender
de dónde salen los políticos ¿A caso los dioses los traen de las
islas del mal para hacer miserables nuestras vidas? Y por último no
estaría mal analizar nuestro papel en el trabajo del gobierno.
La
educación cívica en México es prácticamente nula, no se enseña
civismo, se enseña nacionalismo. Jamás se nos explica qué es la
democracia, qué es ser un ciudadano y qué es en realidad el
gobierno; y no se le puede acusar a los maestros de primaria porque
la verdad es que nadie lo sabe con exactitud. Se nos dice que un buen
ciudadano tira la basura en su lugar, que el presidente es el que
manda y vivimos en una república gracias a Benito Juárez, con eso
nos quedamos. Así, cuando algo en la sociedad sale mal es porque el
director y sus segundos hicieron las cosas mal, en nada tengo que
ver yo porque soy una buena ciudadana que no ensucia las banquetas.
Las
cosas no son así, el gobierno es sólo una de las fuerzas que
conviven en la sociedad, representa los intereses generales de la
sociedad y convive con los intereses privados de otros. Por ejemplo,
si el Estado decide aumentar el salario, se va a enfrentar con
empresarios que lo único que harán será elevar el costo de sus
productos y entonces todo es más caro en general y se sigue ganando
lo mismo, los precios sólo se inflaron. No es cosa de que el
gobierno decida resolver y con eso todo quede solucionado, hay
fuerzas con las que el poder público debe lidiar y bloquea asuntos
que primeramente parecen fáciles.
Ahora,
muchos podrán decir que las intenciones de quienes trabajan como
representantes y funcionarios para nuestra sociedad no son las de la
igualdad, el desarrollo y el bien común, sino robar, aprovecharse y
mentir. No se puede negar que hay corrupción y abuso de poder en
nuestro país, pero tampoco se puede negar que quienes llegan a los
altos puestos son mexicanos, formados y criados en nuestra sociedad
con nuestros valores y nuestros ejemplos. Finalmente la misma
sociedad es quien los empuja al poder, somos nosotros quienes
aceptamos e impulsamos su representación. Los mexicanos acatamos la
figura del presidente como dios todo poderoso, fomentamos la
corrupción pidiendo chamba por adulaciones y no por capacidad,
votamos por el que dicen que es el mejor sin investigar. El maldito
gobierno lo formamos nosotros, es un reflejo de la sociedad. No se le
puede exigir al gobierno lo que no tienen, ni quieren cambiar los
gobernados. ¿Podemos pedir un presidente culto cuando Televisa
inunda el 46% de las televisiones mexicanas y somos el último lugar
en educación entre los países de la OCDE? ¿Podemos pedir
funcionarios incorruptibles cuando 31% de mexicanos aceptan haber
sobornado? ¿Podemos pedir elecciones limpias cuando los regalos de
los candidatos se ven reflejados en los resultados? Aceptemos nuestra
responsabilidad como sociedad con el gobierno que tenemos.
Finalmente,
teniendo en cuenta que el gobierno no lo puede todo, ni tiene las
armas para cambiar las cosas, es fundamental estar conscientes del
papel del individuo como ciudadano. Si se quiere cambiar la sociedad,
hay que tener una mínima coherencia con los actos. Es como si se
criticara todo el tiempo a los gordos, se tuviera sobrepeso y no se
estuviera a dieta, ni se hiciera ejercicio, ah, pero eso sí, la
culpa es de la comida. No se puede criticar al gobierno sin
criticarnos como sociedad, y cambiar nuestras actitudes con respecto
a ella. Si se pretende progresar en comunidad, debemos entender que
somos parte de un todo y un buen ciudadano se ve a sí mismo como
integrante de la sociedad y cumple con su trabajo para ella, muchas
veces eso implica sacrificar intereses individuales pero valen la
pena si se compensan con beneficios comunes como, no sé, un buen
gobierno.
- http://www.milenio.com/negocios/empresa-gana-publicidad-mercado-Tv_0_281372246.html
- http://ourtimes.wordpress.com/2008/04/10/oecd-education-rankings/
- http://www.transparencia.org.es/BAROMETRO%20GLOBAL%202010/INFORME%20DETALLADO%20SOBRE%20EL%20BAROMETRO%202010.pdf
*Datos de porcentajes de:
