lunes, 22 de septiembre de 2014

Visitando el "Palacio" legislativo de San Lázaro


El recorrido empieza en la puerta del estacionamiento, cuando al fin nos permiten la entrada, nos dicen que por ser zona federal hay que caminar en dos filas “por seguridad”. Nos ponen una estampa dorada muy elegante que dice “visita autorizada”.  Es normal que un lugar en donde se toman decisiones que afecten a todos tengan alto grado de seguridad para la protección de los representantes, pero no revisaron mochilas ni bolsas, todo pareció un ritual para ver al santísimo poder legislativo.

Empieza la exposición de la guía y nos quedamos contemplando y escuchando una media hora el mural de la entrada principal “El pluralismo político en México” que tiene los artículos de la Constitución representados, la fundación de Tenochtitlan en el centro y maíz a los costados. Particularmente encontré un nacionalismo aferrado en ese mural y ninguna pluralidad. La guía se empecinaba en detallar los datos históricos y cada grabado, ensalzando la entrada al santuario de las leyes y los partidos, casi casi “el nicho de la política.” Vimos otros murales con otros tantos datos históricos y entramos a una sala de sesiones en la que muy superficialmente explicó la composición de las comisiones y los escaños. Emocionada nos invitó a tomarnos fotos en la mesa que presidía la sala, para su sorpresa no fue muy solicitada. Tal vez estaba acostumbrada a que los alumnos que recurrían a sus visitas vieran a las personas que se sientan en esas sillas como el poder encarnado y casi como Villa en el asiento presidencial, sintieran  el poder. 

Desde el principio, mediante las formas y el muy superficial contenido. La línea  de visitas del Congreso es marcar la brecha entre el ciudadano normal y los políticos. No son personas como uno sino poderosos, engrandecen cada sala y rincón como si fuera inhumano, comprendo esa aplicación en la arquitectura del lugar ¿Pero por qué separarnos tanto? No son nuestros gobernantes, son nuestro representantes, están ahí por nuestro voto, por el apoyo ciudadano. No comprendo cómo es que en el mismo lugar donde trabajan ponen prácticamente una barrera física entre representantes y representados.

Finalmente, fuimos a ver, por quince minutos, el principio de  la sesión en la sala principal. Las visitas entran en un palco especial hasta arriba del auditorio, está hecho de forma interesante porque por más adelante que te sientes solo puedes ver las mesas que presiden la cámara y ellos tienen la obligación de estar presentes y mantenerse en orden.  No puedes ver al grueso de los diputados y prohíben asomarse ¿Por qué? Por seguridad, pero en realidad es para que imagines que todos los diputados están sentados escuchando a los oradores cuando en realidad están platicando, riendo o durmiendo y no los juzgo, no es ahí donde se llevan los acuerdos, ahí es solamente donde se va a votar, ya saben cómo lo harán , no tienen que escuchar el discurso de nadie.  Pero no está en la línea del Congreso que veamos la realidad, sino el ideal de lo que es el poder legislativo.
El shock más intenso fue el taller en el Museo Legislativo, nos metieron a un cuarto con tres mesas largas, sillas y una mujer que no dejaba de escribir en una computadora desde el centro, primero entramos las mujeres y luego los hombres (no sé por qué, pero fue perturbador). Un hombre con boina cerró la puerta y empezó a hablar. “Nos guste o no, los partidos son la única forma de hacer política”, “Las candidaturas independientes son una falacia”, “Nos guste o no, los diputados nos representan  y si no votan por ellos de todas maneras nos representan” con un tono que tendía a lo agresivo hizo su introducción a la apología a los partidos  y empezó el taller “¿Quién quiere ser parte de un partido político?”(se levantan algunos compañeros)”¡Ellos, ellos están dispuestos a participar en la política y como ustedes no quisieron ser parte, ellos decidirán por todos!”. Hicimos partidos ficticios, nos hicieron preguntas y tenían que votar por nosotros.
Fue impresionante el hecho vil y transparente de que nos metieron a un cuarto de adoctrinamiento. La señora con la computadora del centro era lo más escalofriante pues al escuchar tales afirmaciones ella seguía seria trabajando en su computadora, parecía que hacía formulas para lavarnos el cerebro. Aunque me sentía incómoda ahí, nuestro grupo practicó cierta resistencia, lo que me preocupa es que hagan esos talleres con adolescentes, que deben ser sus principales visitantes. Nosotros nos estamos formando  como expertos en la materia en una escuela crítica, no sé de qué forma afecte el adoctrinar a quienes no tienen educación política. Es interesante también el hecho de que tengan que recurrir a esas prácticas que rayan en lo violento para convencer de que los partidos son la mejor opción, están tan desvirtuados que tienen que gritarnos que son la única manera de gobernarnos.

Saliendo del cuarto de la Gestapo, pudimos saltarnos otro altar al legislativo (el museo) para poder platicar un rato con la diputada Alejandra del Moral quien, como priista de hueso colorado, nos dio su impresión de varios puntos. Me pareció que siguió la misma línea que cuando tal vez se enfrenta con reporteros, discurso emotivo y si hay alguna pregunta incómoda salirse de ella mediante rodeos. Me sorprendió que dijera con naturalidad “Ay, si todos los partidos dan despensas, eso no es comprar el voto”, que hablara de competencia y estuviera a favor de quitar plurinominales. Sin duda fue lo más interesante y la confianza que demostraba inhibía a querer debatir cara a cara con ella.


Finalmente fuimos a una visita guiada por el Congreso y nos llevaron por sus espacio como quieren que la población los siga, ciegamente y creyendo en una democracia que no es.


martes, 5 de agosto de 2014

Arte y política

El Guernica de Pablo Picasso, inspirado en un bombardeo durante la Guerra Civil Española.


Hace poco terminó la exposición en Bellas Artes de “Picasso revelado por David Douglas Duncan”, en las salas mostraban fotos de la vida del artísta acompañadas por algunas de sus obras. Una de las imágenes que más me llamaron la atención fue la de Pablo Picasso con los ojos llorosos, bien abiertos y el rostro con aspecto de sorpresa y compasión. Después pude leer que lo que producía en el español tan expresivos gestos era una colección de fotografías de la guerra de Corea. Entendí que si algo podía describir esa cara de Picasso era su sensibilidad.
Personalmente siempre he creído que lo que hace arte al arte es su cualidad para mover nuestras más profundas membranas, para hacernos sentir de manera que la cotidianidad no puede, nos hace vibrar y pensar de manera diferente. Es fácil identificar una obra de arte si de repente circula por el cuerpo un escalofrío o se sienten las clásicas mariposas en el estómago. Lo mínimo que puede esperarse de un creador de arte es que sea sensible, porque debe transmitir emociones de manera bien potente como para que un extraño que no sepa el por qué de esa obra, pueda recibir el mensaje a través de sensaciones.
León Trotsky (líder la Revolución rusa) con Diego Rivera (muralista mexicano) y André Bretón (escritor francés). Los artistas se involucran naturalmente en proyectos políticos.

Y sí, hay que aclarar que las fotos de gatitos en calendarios no son arte porque son cotidianas, los reallity shows no son arte, tampoco el reggeaton es arte aunque sus escuchas experimenten calor en la entrepierna, es algo meramente físico que no toca el alma. Claro que son expresiones culturales, pero no toda cultura es artística ni culta.
Una de mis maestras en la Universidad mencionó alguna vez que es obvio que al salir de un museo uno se sienta agotado, porque el arte cansa. Todas las emociones que experimentamos pasando de obra a obra resultan como una montaña rusa en nuestro cuerpo y nuestra mente que termina por saturar nuestra energía. Es lo mismo a leer o ir a un concierto, seguramente les ha pasado que al estar enfermos no quieren leer sino ver la televisión, esto es porque leer exige cierto estado de apertura y concentración para resistir las múltiples emociones que se sufren al entrar en la lectura, cosa que la televisión no hace.
Cuando se está en constante contacto con el arte y se ejercitan tanto los sentimientos, se desarrolla una mejor percepción del mundo, ya que se puede sentir en carne propia lo que otros viven y con ello se desarrolla el sentido crítico en las personas. Aquellos que están entrenados en el arte son capaces de pensar más allá de lo inmediato, de reconocer el dolor y la felicidad con tal intensidad que se sienten obligados a actuar y, al menos, sienten culpa si no lo hacen.
Ahí es donde radica la importancia del arte en la política, ese el por qué los Estados totalitarios temen a los artistas. Los creadores no hacen cosas bonitas, sino que despiertan en las personas instintos, reacciones y pensamientos profundos peligrosos para el status quo, ésto es siempre un riego para los poderosos que quieren conservar este estado de las cosas y para ello lo conveniente es tener a gente plana que no vea más allá de lo que tiene en frente. Una sociedad con los sentimientos trabajados no puede permitir las calamidades que desata la violencia, como la represión, la censura o la desigualdad, porque sus integrantes entienden el dolor que causan en otros. De hecho, la verdadera política, precisamente, tiene por objetivo eliminar la violencia como forma para solucionar conflictos. 
Un lugar en donde  se pretende que la democracia sea la manera para ejercer el poder supone una sociedad crítica, dispuesta a interesarse por la vida en común, que sacrifica sus ventajas personales para disfrutar de las comunes y que conoce su entorno. Para lograr la formación de ese tipo de personas no se necesitan clases de civismo puntuales y reglas para todo, hay que apostar al arte, pero no se hace porque no se ven resultados inmediatos. Las sociedades expuestas al arte no se alían con el narcotráfico ni ven en las armas la solución a sus problemas; quienes leen poesía dicen groserías sólo en los momentos correctos y no permitirán que sus hijos hagan bullying; quienes van al teatro y aprecian la belleza no tiran basura por donde sea y sin duda cuando se escucha verdadera música no dan las ganas de tocar el claxon.
Lamentablemente, el gobierno quita sin problema el presupuesto al arte en nuestro país y ve más carne de cañón electoral al poner el árbol de navidad más grande en Paseo de la Reforma que con una feria de libros. Tal vez obtengan más votos en dos años, pero no tendrán una sociedad de calidad para vivir.  No es que el arte sea la respuesta a todo, pero sin duda es un aspecto importante, sobre todo en la cultura democrática que la hace a un lado como si no tuviera ninguna función social. Acerquémosnos al arte para acercarnos también a los otros y admirar lo que está más allá de nuestros ojos.

sábado, 19 de julio de 2014

¡Todo es culpa del pinche gobierno!


Con pocas semanas en la carrera de Ciencia Política es fácil reconocer que hay una cosa que jamás puede faltar en la vida de un politólogo: una plática de política con un taxista. Mi primer experiencia de ese tipo fue un día que iba tarde a la Universidad y decidí invertirle a mi puntualidad tomando un auto bicolor. El conductor me preguntó sobre mi carrera y así de fácil comenzó. Los taxistas son grandes personajes, no son precisamente muy cultos pero tampoco son ignorantes, suelen estar informados por las noticias en el radio y las múltiples y diversas conversaciones que tienen con sus clientes, son la síntesis de la cultura urbana.
 Normalmente, la discusión empieza con una crítica a la gente: "Mire señorita, todos sin paraguas empapándose, pero así somos los mexicanos", "¡Qué tráfico, son los canijos policías!", "¡Otra marcha, mejor que se pongan a trabajar!", cualquier cosa por el estilo. Los reclamos van formando un efecto de bola de nieve, primero la culpa es de los transeúntes, después de sus familias, pero después de un poco de profundización, el principal e innegable responsable es el maldito gobierno. Ésta respuesta no es particular de los taxistas, es de todos en general y se puede crear una amena charla de retroalimentación de quejas hasta lograr un monstruo de nieve y lodo que de cualquier manera se va derretir porque contra el gobierno nadie puede hacer nada.
¿De verdad todo es culpa del gobierno, de los políticos, de los de arriba? Primero debemos considerar su verdadera potencialidad para dominar sobre el caos de nuestra sociedad ¿De verdad sus órdenes son como agitar una varita mágica?  Segundo, debemos entender de dónde salen los políticos ¿A caso los dioses los traen de las islas del mal para hacer miserables nuestras vidas? Y por último no estaría mal analizar nuestro papel en el trabajo del gobierno.
La educación cívica en México es prácticamente nula, no se enseña civismo, se enseña nacionalismo. Jamás se nos explica qué es la democracia, qué es ser un ciudadano y qué es en realidad el gobierno; y no se le puede acusar a los maestros de primaria porque la verdad es que nadie lo sabe con exactitud. Se nos dice que un buen ciudadano tira la basura en su lugar, que el presidente es el que manda y vivimos en una república gracias a Benito Juárez, con eso nos quedamos. Así, cuando algo en la sociedad sale mal es porque el director y sus segundos hicieron las cosas mal, en nada tengo que ver yo porque soy una buena ciudadana que no ensucia las banquetas.
Las cosas no son así, el gobierno es sólo una de las fuerzas que conviven en la sociedad, representa los intereses generales de la sociedad y convive con los intereses privados de otros. Por ejemplo, si el Estado decide aumentar el salario, se va a enfrentar con empresarios que lo único que harán será elevar el costo de sus productos y entonces todo es más caro en general y se sigue ganando lo mismo, los precios sólo se inflaron. No es cosa de que el gobierno decida resolver y con eso todo quede solucionado, hay fuerzas con las que el poder público debe lidiar y bloquea asuntos que primeramente parecen fáciles.
Ahora, muchos podrán decir que las intenciones de quienes trabajan como representantes y funcionarios para nuestra sociedad no son las de la igualdad, el desarrollo y el bien común, sino robar, aprovecharse y mentir. No se puede negar que hay corrupción y abuso de poder en nuestro país, pero tampoco se puede negar que quienes llegan a los altos puestos son mexicanos, formados y criados en nuestra sociedad con nuestros valores y nuestros ejemplos. Finalmente la misma sociedad es quien los empuja al poder, somos nosotros quienes aceptamos e impulsamos su representación. Los mexicanos acatamos la figura del presidente como dios todo poderoso, fomentamos la corrupción pidiendo chamba por adulaciones y no por capacidad, votamos por el que dicen que es el mejor sin investigar. El maldito gobierno lo formamos nosotros, es un reflejo de la sociedad. No se le puede exigir al gobierno lo que no tienen, ni quieren cambiar los gobernados. ¿Podemos pedir un presidente culto cuando Televisa inunda el 46% de las televisiones mexicanas y somos el último lugar en educación entre los países de la OCDE? ¿Podemos pedir funcionarios incorruptibles cuando 31% de mexicanos aceptan haber sobornado? ¿Podemos pedir elecciones limpias cuando los regalos de los candidatos se ven reflejados en los resultados? Aceptemos nuestra responsabilidad como sociedad con el gobierno que tenemos.
Finalmente, teniendo en cuenta que el gobierno no lo puede todo, ni tiene las armas para cambiar las cosas, es fundamental estar conscientes del papel del individuo como ciudadano. Si se quiere cambiar la sociedad, hay que tener una mínima coherencia con los actos. Es como si se criticara todo el tiempo a los gordos, se tuviera sobrepeso y no se estuviera a dieta, ni se hiciera ejercicio, ah, pero eso sí, la culpa es de la comida. No se puede criticar al gobierno sin criticarnos como sociedad, y cambiar nuestras actitudes con respecto a ella. Si se pretende progresar en comunidad, debemos entender que somos parte de un todo y un buen ciudadano se ve a sí mismo como integrante de la sociedad y cumple con su trabajo para ella, muchas veces eso implica sacrificar intereses individuales pero valen la pena si se compensan con beneficios comunes como, no sé, un buen gobierno.


    *Datos de porcentajes de:
  • http://www.milenio.com/negocios/empresa-gana-publicidad-mercado-Tv_0_281372246.html
  • http://ourtimes.wordpress.com/2008/04/10/oecd-education-rankings/
  • http://www.transparencia.org.es/BAROMETRO%20GLOBAL%202010/INFORME%20DETALLADO%20SOBRE%20EL%20BAROMETRO%202010.pdf


miércoles, 7 de mayo de 2014

¿Por qué interesarse en la política?

Solemos olvidar que vivimos en un planeta fantástico. Es un globo con un núcleo de plasma, rodeado por corteza que puede moverse por escapes de energía del centro, con agua en brechas de la tierra y que frecuentemente cae del cielo y que rondamos por el Espacio rodeando una esfera gigante de fuego. Olvidamos lo que somos, seres que se alimentan de plantas, animales y agua ¡Y tienen sabor!,  seres con dos piernas que sirven para trasladarnos de una forma bien curiosa, con dos ojos que reciben luz para entonces percibir imágenes y un corazón que bombea sangre por todo el cuerpo para llevar lo necesario a todos nuestros órganos. Pero eso no es nada, tenemos un cerebro, que coordina nuestros movimientos y la capacidad de pensar, organizar ideas para después actuar de manera tal que se haga más fácil nuestra vida.
A lo largo de la historia, hemos hecho tan sencilla la vida humana que hemos ocupado nuestra razón para cosas mucho más complejas a tal punto que solemos olvidar lo complicado que es en sí mantenernos vivos, cómo pusimos la naturaleza a nuestro alcance para sobrevivir y llegar incluso a movernos más rápido, tener más tiempo para descansar y hasta entretenernos cuando se tiene ese tiempo. Este no fue trabajo de una sola persona, ni el de varias personas que acumularon su esfuerzo individual, todas las maravillas con las que contamos hoy en día han sido obra del sudor de muchas personas que relacionaron su dedicación con otras. Como humanos vimos las ventajas de vivir unidos, pero somos también nos gusta ser diferentes, como animales hemos intentado hacernos la vida más fácil que los otros o vemos de formas diferentes de conseguir esa comodidad con lo que surgen conflictos. Es en ésta necesidad de vivir juntos pero vivir diferentes que hace de las suyas la política.
Así es, la política está antes de las guerras, los diputados, las leyes, las marchas y antes que los malditos políticos usureros. La política está en toda resolución de un conflicto entre humanos porque trata de la manera en que estamos juntos aunque seamos distintos. Obviamente, el gobierno es bien importante en el uso de la política porque existe, precisamente, para que varias personas se dediquen específicamente al orden de la sociedad, pero no es el único lugar donde se hace política. La política la hacemos todos, todos los días al intentar hacer más agradable nuestra vida en sociedad. No se puede decir que haya quienes no practiquen política porque sea por los motivos que sean todos intentan hacer lo más aceptable su estancia en este mundo, hay quienes se equivocan al intentarlo y otros que más que ayudar al bienestar común lo estropean con actividades que favorecen más a su bienestar personal, pero ninguno se salva. La política justamente pretende deshacernos de nuestro lado salvaje y violento ante los demás para comprendernos y beneficiarnos de la comunidad. 
Ahora, seguramente si se piensa en política se piensa en seguida en poder. ¿Cuál es el papel del poder en la política? Hemos dicho ya que el conflicto está en vivir juntos pero también vivir bien cada quién como mejor pueda, porque es verdad, no vivimos por los otros, sin duda la Tierra tiene millones de años y nosotros estamos aquí un instante relativamente al tiempo de nuestro planeta. Así tenemos una bonita disyuntiva: me desvivo por los demás o me desvivo por mi. No es una decisión que se tome el día del cumpleaños número catorce o que de repente entre el aire de la virgen para tomar la elección, es una disyuntiva a la que nos enfrentamos comúnmente: ¿Compro el disco pirata?¿Le miento la madre?¿Les subo el salario?¿Les digo lo que pienso?¿Voto por el Candigato? Son dudas que ponen a prueba nuestro egoísmo o nuestra culpa. Finalmente lo que queremos es optar por lo mejor nos parezca sin que otros con sus libertades obstaculicen el proceder de nuestra decisión. Entonces surge otra pregunta  ¿Cómo hacer para que la mayoría acepte lo que quiero? Pues con autoridad . Autoridad no es mantener un látigo en la mano, sino tener la capacidad de hacer de una decisión una obligación.  Hay diferentes maneras de obtener esa potencia, puede ser por el prestigio que ha ganado, por la simpatía que ha generado o por el miedo que ha difundido. Así, las maneras de ejercer el poder son distintas y se ven en diferentes grados de ética. 

La autoridad es una forma o una herramienta para resolver los problemas de vivir en sociedad. Algunos intereses ganan y otros pierden según la magnitud de poder de los agentes interesados. La lucha de poder se da para que se siga una forma de hacer las cosas, esa lucha puede ser violenta o pacífica. La pacífica tiene mucho más de política que la otra, pero se entra en un debate bien complicado que puede llevarse una o muchas tesis.
Interesarse en la política, es interesarse en nuestro papel como humanos viviendo en sociedad, es interesarse en nuestra libertad que lleva consigo una gran responsabilidad con los demás, es interesarse por la manera en la que otros están condicionando consiente o inconscientemente nuestra vida y lo que podemos hacer para mejorarla.