sábado, 19 de julio de 2014

¡Todo es culpa del pinche gobierno!


Con pocas semanas en la carrera de Ciencia Política es fácil reconocer que hay una cosa que jamás puede faltar en la vida de un politólogo: una plática de política con un taxista. Mi primer experiencia de ese tipo fue un día que iba tarde a la Universidad y decidí invertirle a mi puntualidad tomando un auto bicolor. El conductor me preguntó sobre mi carrera y así de fácil comenzó. Los taxistas son grandes personajes, no son precisamente muy cultos pero tampoco son ignorantes, suelen estar informados por las noticias en el radio y las múltiples y diversas conversaciones que tienen con sus clientes, son la síntesis de la cultura urbana.
 Normalmente, la discusión empieza con una crítica a la gente: "Mire señorita, todos sin paraguas empapándose, pero así somos los mexicanos", "¡Qué tráfico, son los canijos policías!", "¡Otra marcha, mejor que se pongan a trabajar!", cualquier cosa por el estilo. Los reclamos van formando un efecto de bola de nieve, primero la culpa es de los transeúntes, después de sus familias, pero después de un poco de profundización, el principal e innegable responsable es el maldito gobierno. Ésta respuesta no es particular de los taxistas, es de todos en general y se puede crear una amena charla de retroalimentación de quejas hasta lograr un monstruo de nieve y lodo que de cualquier manera se va derretir porque contra el gobierno nadie puede hacer nada.
¿De verdad todo es culpa del gobierno, de los políticos, de los de arriba? Primero debemos considerar su verdadera potencialidad para dominar sobre el caos de nuestra sociedad ¿De verdad sus órdenes son como agitar una varita mágica?  Segundo, debemos entender de dónde salen los políticos ¿A caso los dioses los traen de las islas del mal para hacer miserables nuestras vidas? Y por último no estaría mal analizar nuestro papel en el trabajo del gobierno.
La educación cívica en México es prácticamente nula, no se enseña civismo, se enseña nacionalismo. Jamás se nos explica qué es la democracia, qué es ser un ciudadano y qué es en realidad el gobierno; y no se le puede acusar a los maestros de primaria porque la verdad es que nadie lo sabe con exactitud. Se nos dice que un buen ciudadano tira la basura en su lugar, que el presidente es el que manda y vivimos en una república gracias a Benito Juárez, con eso nos quedamos. Así, cuando algo en la sociedad sale mal es porque el director y sus segundos hicieron las cosas mal, en nada tengo que ver yo porque soy una buena ciudadana que no ensucia las banquetas.
Las cosas no son así, el gobierno es sólo una de las fuerzas que conviven en la sociedad, representa los intereses generales de la sociedad y convive con los intereses privados de otros. Por ejemplo, si el Estado decide aumentar el salario, se va a enfrentar con empresarios que lo único que harán será elevar el costo de sus productos y entonces todo es más caro en general y se sigue ganando lo mismo, los precios sólo se inflaron. No es cosa de que el gobierno decida resolver y con eso todo quede solucionado, hay fuerzas con las que el poder público debe lidiar y bloquea asuntos que primeramente parecen fáciles.
Ahora, muchos podrán decir que las intenciones de quienes trabajan como representantes y funcionarios para nuestra sociedad no son las de la igualdad, el desarrollo y el bien común, sino robar, aprovecharse y mentir. No se puede negar que hay corrupción y abuso de poder en nuestro país, pero tampoco se puede negar que quienes llegan a los altos puestos son mexicanos, formados y criados en nuestra sociedad con nuestros valores y nuestros ejemplos. Finalmente la misma sociedad es quien los empuja al poder, somos nosotros quienes aceptamos e impulsamos su representación. Los mexicanos acatamos la figura del presidente como dios todo poderoso, fomentamos la corrupción pidiendo chamba por adulaciones y no por capacidad, votamos por el que dicen que es el mejor sin investigar. El maldito gobierno lo formamos nosotros, es un reflejo de la sociedad. No se le puede exigir al gobierno lo que no tienen, ni quieren cambiar los gobernados. ¿Podemos pedir un presidente culto cuando Televisa inunda el 46% de las televisiones mexicanas y somos el último lugar en educación entre los países de la OCDE? ¿Podemos pedir funcionarios incorruptibles cuando 31% de mexicanos aceptan haber sobornado? ¿Podemos pedir elecciones limpias cuando los regalos de los candidatos se ven reflejados en los resultados? Aceptemos nuestra responsabilidad como sociedad con el gobierno que tenemos.
Finalmente, teniendo en cuenta que el gobierno no lo puede todo, ni tiene las armas para cambiar las cosas, es fundamental estar conscientes del papel del individuo como ciudadano. Si se quiere cambiar la sociedad, hay que tener una mínima coherencia con los actos. Es como si se criticara todo el tiempo a los gordos, se tuviera sobrepeso y no se estuviera a dieta, ni se hiciera ejercicio, ah, pero eso sí, la culpa es de la comida. No se puede criticar al gobierno sin criticarnos como sociedad, y cambiar nuestras actitudes con respecto a ella. Si se pretende progresar en comunidad, debemos entender que somos parte de un todo y un buen ciudadano se ve a sí mismo como integrante de la sociedad y cumple con su trabajo para ella, muchas veces eso implica sacrificar intereses individuales pero valen la pena si se compensan con beneficios comunes como, no sé, un buen gobierno.


    *Datos de porcentajes de:
  • http://www.milenio.com/negocios/empresa-gana-publicidad-mercado-Tv_0_281372246.html
  • http://ourtimes.wordpress.com/2008/04/10/oecd-education-rankings/
  • http://www.transparencia.org.es/BAROMETRO%20GLOBAL%202010/INFORME%20DETALLADO%20SOBRE%20EL%20BAROMETRO%202010.pdf


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