martes, 29 de septiembre de 2015

San Francisco, la ciudad verdadera



Este año, tuve la oportunidad de conocer San Francisco, California en los Estados Unidos. Fue un viaje que me debían mis padres desde hacía 6 años, ese prometido tour por cumplir 15 se pospuso hasta que tuve  casi 21, tal vez el tiempo quiso que fuera así para poder ver la ciudad con otros ojos. 
San Francisco era el destino deseado tras una larga etapa de fascinación hippie, quería conocer esa sociedad tan liberal que había sido el epicentro de la libertad sexual, la tolerancia hacia los homosexuales y la cuna de muchos movimientos pacifistas.

Es una bella ciudad, sin duda, con hermosos edificios, grandes espacios públicos y una comunidad muy diversa, pero para mi sorpresa, en vez de encontrarme jóvenes con rastas de estilo bohemio, mujeres de faldas largas y largo cabello que oliera a flores, por todos lados había: homeless.

Homeless en Golden Gate Park


Homeless en la calle Haight Ashbury



Homeless en Civic Center

Ver tanta gente en estado de indigencia era verdaderamente impactante, se vende mariguana sin pudor, se ven claramente drogados la mayor parte del tiempo y en ese estado es fácil ver que griten o pidan dinero. Lo interesante aquí es que la ciudad los acoge amigablemente, pueden tomar el transporte público y subir con su basura y su acompañante canino sin pagar un centavo, si se paran en un Starbucks obtendrán un café gratis, se sabe que el gobierno les da apoyo económico y sin duda los habitantes les dan limosna y los defienden.

¿Pero por qué hay tantos homeless? Al estar ahí estaba muy confundida ¿Eran vestigios de la época hippie? ¿La ciudad se había empobrecido? ¿Eran indigentes de todo Estados Unidos reunidos en ese lugar por las comodidades estatales? ¿Y por qué los demás los protegían? ¿Sentimiento de culpa? ¿Costumbre?  ¿Más vestigios de la época hippie? El contraste tan enorme de ver un joven en traje del edificio de Twitter teniendo a un lado a otro joven sucio tirado en la banqueta era visualmente agresivo, triste y hasta abstracto.

Entonces entremos en materia. Toda ciudad tiene en su origen la canalización de capital excedente por medio de la urbanización. Con los megaproyectos que implican el hacer una ciudad se reinvierte el capital, se crean empleos y así, se alimenta el ciclo económico. El famoso proceso “dinero-mercancía-  más dinero” encuentra en la ciudad su paraíso; como centro de comercio, consumo,  innovación y expansión, la ciudad es capitalista por excelencia y venera al dios Dinero.

San Francisco como buena ciudad, y aún más evidente, como buena ciudad estadounidense,  funciona haciendo ganancias. Si antes fue la cuna de movimientos sociales, hoy es la cuna de empresas como Facebook y Google que mueven capitales enormes acomodándose a la lógica capitalista mientras cambian la dinámica comunicativa de nuestras vidas. Al perseguir como ciudad el crecimiento económico en el libre mercado, las contradicciones del capitalismo no se pueden negar.  En este dilema de la búsqueda del crecimiento con altos costos sociales,  se vislumbra cómo las revoluciones tecnológicas más que ayudar a que los humanos trabajemos menos, parece que acelera más nuestro ritmo de trabajo y  vida, reduce el campo laboral,  los beneficiarios de las ganancias son menos y la brecha de la desigualdad ha aumentado considerablemente.

En el medio urbano, la concentración de riquezas se nota también espacialmente, el terreno central aumenta su valor monetario, entonces se desplaza  a los que vivían ahí para que entren ricos a vivir o para reinvertir ganancias con nuevos edificios para áreas de consumo, trabajo, etc. Como va creciendo la ciudad se va marginando a los que tienen menos posesiones dejándolos en la periferia, donde no hay servicios, equipamiento u oportunidades de trabajo. En el paraíso del capital, los pobres no caben.

Sin embargo, este último lema no es uno que porte dignamente San Francisco, en la ciudad del Verano del Amor se niegan a reubicar a sus pobres. Tal vez ahí sí entra mi teoría de la cultura hippie, la ética, que termina materializándose en políticas, es homeless friendly . Se tolera la pobreza que en cualquier otra ciudad sería escondida, mientras Nueva York usa la arquitectura del terror, clavando picos en las esquinas que se vean cómodas para acostarse o enrejando jardineras, San Francisco no para de poner mesas y bancas en vías públicas; mientras la Ciudad de México hace oleajes en su metro para correr a los vagoneros, San Francisco da seguros de desempleo a quien lo solicite y mientras en Londres se desprecia a quienes piden dinero en las calles, en San Francisco saltan en su defensa tras cualquier comentario ofensivo.


En San Francisco las contradicciones del capitalismo están a flor de piel, nadie las oculta y no es un escenario bonito. Ojo, la urbe no está reduciendo sus contradicciones ni combatiéndolas, simplemente las tolera. No hay política para insertar en el sistema a los marginados, los mantiene allí, subsistiendo, mostrando la realidad que todas las ciudades tienen pero niegan. Habría que preguntarnos ¿Dónde están las víctimas de nuestro paraíso capitalista?  

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